TESTIMONIO: Texto y Video: Operación fuga. Por Sergio Buschman.

En 2007, un libro, publicado por el Colectivo 19 de noviembre1, incluyó, entre varios trabajos, una exposición de Sergio sobre la escapada de la cárcel porteña, ejecutada en 1987 por cuatro compañeros.

De su propio relato emana el cómo es –era- Sergio Buschmann Silva. No sólo informa sino, sobre todo, transmite sustancia político-moral. Y es que sin sustento moral no puede haber estrategia de progreso social. Menos aun un sistema político verdaderamente humano. El fin último -la Justicia social- es una opción ética. Es ésta la que motiva a comprometer la vida -individual y familiar-procurando un mundo mejor.

El texto supera lo anecdótico, exponiendo la riqueza íntima de su autor. Sus apreciaciones continúan siendo oportunas; entre otras, en la descripción de su pareja de trote en la cárcel podemos divisar su concepto de compañero; reconocimiento y estima no importando que participase de otra estructura; es decir, aprecio al compañero de lucha, que personifica similar compromiso de vida.

Obsérvese a quiénes dedica el relato, y a quiénes brinda agradecimiento y admiración.

Enseñanzas pertinentes; se recupera que, para la Izquierda, la política no puede ser adecuación u oportunismo individual. Asimismo, sirve para combatir desconfianzas y exclusiones del socialconservadurismo: nada de “ultrones” ni “enemigos” respecto de compañeros y compañeras que, con el mismo norte e igual o mayor entrega personal, enfocan la contingencia de modo no idéntico.

El texto –circunstancial sólo en apariencia- envuelve datos valiosos para conocer combates operativos y éticos del querido compañero Sergio Buschmann Silva.

Valparaíso, 10 y 11 de abril de 2014.

1 Ediciones COLECTIVO 19 DE NOVIEMBRE, Valparaíso, 2007, págs. 90 y ss.

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OPERACIÓN FUGA DEL F.P.M.R. EN LA CÁRCEL DE VALPARAÍSO. 1987.

Por Sergio Buschman.

El actor, meditaba en su celda junto al camarada que compartía este espacio.

Era la hora en que debíamos permanecer encerrados, cuando de pronto se abre la puerta y en el marco de ella, cuatro gendarmes2.

Uno de ellos le dice al actor, “Oiga usted, prepárese, por que será trasladado de presidio“. El actor recoge sus pertenencias, y en su entorno se crea una gran incertidumbre.

Por los corredores se empieza a escuchar las voces del resto de los presos políticos que decían: “Van a trasladar a algunos compañeros“. Otros expresaban “¡No!”, “los van a secuestrar“.

Era común en este entonces, año 1987, que ingresara la C.N.I. a los recintos carcelarios y se llevaran compañeros sin ellos saber su destino que, obviamente, no tuvo retorno.

Todo este movimiento generaba entre los compañeros gran excitación. Mientras tanto, el actor era llevado al salón principal de la cárcel, y es encadenado de manos y pies.

El actor con voz firme pregunta a los gendarmes, “¿Qué es lo que ocurre?“, al percatarse de una gran movilización de efectivos de seguridad, escuchando incluso un helicóptero que sobrevolaba el lugar. Sin embargo, este no tiene respuesta alguna.

El actor es sacado a la calle y confirma el gran despliegue de dispositivos de seguridad. Es introducido a una camioneta militar y parte la caravana que escolta al actor.

En el trayecto se da cuenta de que más atrás llevan a otro compañero, pero no alcanza a visualizar de quien se trataba.

En el interior de la camioneta iban cuatro gendarmes, uno a cada lado del actor, otro manejando y él ultimo en constante observación del actor.

Continuaron el viaje a altas horas de la madrugada, pasando en ese momento el Parque O’Higgins, cuando el actor siente la intranquilidad del amanecer y meditando, en aquel instante, toma conciencia que es el día primero de mayo (día de los trabajadores), lo que llena su alma de respeto y admiración por la clase obrera y por los luchadores en contra de la explotación.

En ese momento, es interrumpido el silencio por uno de los gendarmes que intenta comunicarse con el actor. No obstante, éste estaba en absoluta concentración por la importancia de este día y por lo injusto que era estar preso por orden de quienes torturaban, mataban y violaban mujeres. Llenando así el país de sangre y dolor por el solo hecho de pensar distinto a la dictadura.

2 Gendármenes, en el texto original.

En este trayecto, lleno de incertidumbre a causa de no saber el destino que deparaba, siente el frío propio del amanecer. De esta forma, toma conciencia de la temperatura y empieza, con sorpresa, a reconocer la carretera por la que transitaban. Presumía ir camino a Valparaíso, pero sin absoluta certeza de ello, ya que hay muchos pequeños pueblos que tenían presidios.

Rompe la claridad y ve a su derecha el lago Peñuelas, casi llegando a la bajada Santo Ossa. El actor da un grito diciendo “¡Estamos en Valparaíso!, yo amo este puerto. Aquí conseguiré mi libertad”. Los gendarmes, al escuchar el grito eufórico y firme del actor, reaccionan. Uno de ellos le dice, “¿Qué vai a ir?”.

El actor le cuenta que él ha pasado los momentos más bellos de su vida en este puerto. No era para nada un anuncio de algo. Pero sí estaba claro que desde el primer día de reclusión, había buscado la forma de fugarse. De hecho, anteriormente ya lo había intentado.

Al pasar por la Avenida Argentina y posteriormente Pedro Montt, los recuerdos invaden los pensamientos del actor, recordando su vida universitaria, sus amigos, sus amores de juventud, las maravillosas noches de la bohemia porteña.

En el exterior, las luces de los locales comerciales se desvanecían ante el frío y húmedo amanecer, recordaba su vida de estudiante de las artes dramáticas en la Universidad Católica, junto a su querido amigo el actor porteño Tito Mery.

La caravana se detiene e ingresa al recinto penitenciario de Valparaíso. Desciende de la camioneta con el impedimento propio de las cadenas que lo atan. Con sorpresa, ve que del vehículo trasero sale el camarada Marcial y combatiente F.P.M.R. Compañero que había tenido importante participación en el ajusticiamiento al tirano Augusto Pinochet Ugarte.

Se acerca unos gendarmes y le retiran a ambos las cadenas, instante en el cual se abrazan profundamente.

Desde el mismo momento en que los llevan a las galerías de los presos políticos, el actor corroboró la firme convicción de que aquí se cristalizaría el lograr la libertad a través de la fuga.

Así es como al día siguiente el actor con los otros frentistas Gabriel y Ricardo determinaron constituir inmediatamente la célula de combate que llevaría la fuga. Todo esto con el objeto de lograr salir de las garras de la dictadura e incorporarnos nuevamente a la lucha clandestina. Estaba claro que a cualquier miembro de antidictadura que hubiera realizado acciones importantes, y estaba en la cárcel, no le quedaba otra alternativa que el escape.

Ya que nada les duele más a los responsables de la dictadura, tanto militares como civiles, que hayamos tomado las armas, y haberlas reincorporado, yendo con ellas. Las huelgas, las ollas comunes y protestas darían la garantía de que tarde o temprano caería la Dictadura, pues sin la incorporación del elemento armado, junto con las demás formas mencionadas, dudo que se hubiera realizado el plebiscito, ya que la unión de todos los modos de lucha las llevó a desarrollar algún hecho importante que descomprimiese el avance de todas las formas y estallido social.

Dentro de todo este contexto se llevó a cabo el plan de la fuga. Y también dentro de toda esta concepción se realiza el ingreso de las armas libertarias de Carrizal Bajo, causa por la cual el actor estaba preso.

Les era muy difícil poder comunicarse para no levantar sospechas, entonces debían inventar alguna clave para transmitir cualquier suceso que les pareciera importante para el desarrollo de la fuga. Para lograr esto se creó una mujer imaginaria, a la que llamamos Laura. Esta mujer imaginaria permitía que si iban a recibir algún recado importante para la fuga, uno le decía al otro “mira, va a llegar algo importante para Laura“. Misteriosamente nunca nadie nos preguntó quién era la famosa Laura.

En el transcurso del apresamiento del actor, era una verdadera sorpresa el poder estar con sus compañeros, puesto que anteriormente lo habían mantenido compartiendo con presos por delito común. Esto, obviamente era una estrategia para que el actor no pudiera comunicarse con sus compañeros de lucha. Por lo tanto, innumerables veces era trasladado a distintos lugares carcelarios.

Con el transcurrir de los días, los cuatro compañeros del F.P.M.R. acumulaban todo tipo de antecedentes de la rutina diaria del penal. Esta observación la hicieron de la siguiente forma: se dividían el territorio del penal en cuatro, vale decir una parte para cada uno. Esto les llevó dos meses, sin embargo ya tenían absoluto conocimiento de la vida y sus movimientos dentro del penal.

Fue una tarea difícil, ya que todos los días salían reclusos con libertad diaria, situación que desplegaba muchas maniobras de seguridad, tanto en el día como en la noche.

Esta situación les llevó a determinar que las vías de escape debían ser los techos del recinto penal. Que la hora debía ser las 20 horas, ya que para ese entonces, la teleserie de T.V. “Mi nombre es Laura” acaparaba toda la atención tanto de reclusos como de gendarmes.

Se adentraban a mediados del mes de agosto, y aun la situación climática era poco definida. Esto era algo que les estaría favoreciendo ya que en la zona imperaba un fuerte temporal. Considerando que el cuerpo humano en su interior es de 20° Celsius, permitía que las garitas de guardia que se encontraban en el muro con su respectivo gendarme, por efecto del vapor que emanaban los cuerpos empañe el vidrio, quitándoles entonces toda visibilidad.

En el transcurso de los días, acontecían vivencias muy curiosas en el plano humano dentro del penal. Estos hechos hacían vibrar mucho al actor por su sensibilidad en su condición de artista. Uno de estos hechos fue, que estando un día en el patio penal y conversando con otro compañero muy querido, se percatan de que aparece un perro. Su compañero en un estallido de alegría grita “¡Ahí viene mi perro!”. Esto era un hecho extraño, ya que no se permitía tener animales dentro del penal. Pero este perro había pasado todas las guardias y había logrado entrar al patio. La alegría fue total. Todos se acercaban para hacerle cariño. Este perro era grande, flaco, pero con una expresión en su mirada muy tierna.

Así, el animal se hizo el hábito de entrar muy temprano en la mañana y se marchaba en la tarde. Esto era un gran elemento de distracción y la necesidad de entregarle cariño. Una de esas mañanas el perro no llegó. Todos se preguntaban qué pasaría con él. El compañero del actor era el más afectado con la ausencia del perro. Pasaban los días y el perro no

llegaba. Hasta que una mañana hace su aparición y al mismo tiempo parecía más repuesto. Todos estaban contento de verlo tan recuperado de su flacura, a lo que asumieron que era por la comida y los cuidados que ellos le brindaban. Sus visitas comenzaban a ser irregulares, pero todos estaban convencidos que estaba medio enamorado.

Grande fue la sorpresa del actor cuando una de esas mañanas salió al patio. Pues tenía una cita con el abogado que estaba a cargo de su caso. Al pasar por la guardia interna, que lo llevaría al lugar de la entrevista, se da cuenta que el amigo perro jugaba con uno de los gendarmes, como si se conocieran hace mucho tiempo, mientras que el actor lo miraba atónito. Entonces, recordó elrumor que corría de que elperro se había ido para el sector de los carcelarios. Había abandonado a su amo y a todos nosotros. Al volver de su entrevista, no fue capaz de comentarle a su compañero que lo había visto, puesto que él se quedaba en muy malas condiciones emocionales cuando el perro se ausentaba, ni menos la confirmación de que había ido para ellado de los gendarmes.

Pero este perro desleal había llegado muchos más allá, pues a la mañana siguiente, a las 11 A.M., cuando estaba conversando con su compañero en el patio, miró hacia el muro, y vio que venia una comisión de cinco gendarmes que debían recorrer el penal completo. Lo espantoso de eso fue que en medio de la comisión iba elperro junto a ellos, jugando y me-neando su cola. El compañero y el actor se percatan de aquella imagen, así que, en elacto, se paró y se fue al interior de su celda. Desde ese día el perro paseaba con los gendarmes por el muro, como otro guardia más. Entonces, el actor se dice a sí mismo, ¡es mentira que el perro es el amigo fiel del hombre!, pero luego reflexiona, señalando que los perros van con quienes les dan la mejor comida.

El ser humano encarcelado magnifica hechos que estando libre pasarían inadvertidos.

Entretanto, se acerca el momento de la fuga, y esa noche fue la última conversación. Leyendo uno de los textos de estudio, sobre la cárcel, que les enviaban desde el exterior los combatientes, decían: que la parte que habíamos elegido para llegar al muro tenía una altura de 2,80 metros, cosa que al actor le llamó la atención, pues él media 1 metro 82 centímetros, esto significaba que sí él se colgaba, le quedaban tan sólo un metro hacia abajo. Al analizar nuevamente este estudio, que le sorprendía, reflexionó y se dijo: es tan curiosa la topografía en Valparaíso, que a veces uno entra al primer piso de una casa y resulta que es el cuarto de ésta, pues hacia abajo hay otros tres pisos más. Y siguió reflexionando sin escuchar lo que el resto opinaba; eso fue, sin duda, un gran error. El no haber escuchado a los otros combatientes. Más adelante sabrán por qué.

Luego, leyendo un texto sobre materialismo histórico escrito por un gran revolucionario francés que, por haber escrito sobre este tema, fue fusilado. Los cuatro compañeros con la adrenalina propia que tenían al tratar estos temas, más se convencían de que era la última reunión antes de la fuga. Tenían todo preparado, hora, ropa, lugar por donde empezarían y una escalera. Como todos los días, escuchaban un programa radial que les entregaba mucha vida. Este programa se llamaba “Cebollitas de oro“, en ese momento los temas musicales que se tocaban eran “El rosario de mi madre”, “El juramento”, “El bazar de los juguetes” y otros. Canciones que eran interpretadas por Luis Alberto Martínez, Ramos Aguilera, etc. Colocaban entonces las sillas en círculo y la radio al medio. Nadie abría la boca, cada uno metido en la letra de las canciones, que por lo demás era un corte totalmente dramático. Todo este ritual, lo hacían acompañados de un mate que les abrigaba el alma y el cuerpo.

Terminando el programa, las tallas entre los compañeros iban y venían. Por ejemplo un compañero decía “compadre, cuando salga de acá lo mejor será llamar por teléfono avisando que voy para no encontrarme con el patas negras“. Mientras otro respondía “oiga, compañero, cada día vuelve menos ropas de los lavados, parece que mis camisas las está usando el “quetejeidiji”. No faltaba el compañero que daba el consejo, agregando “compañero, si el patas negras es amigo suyo, hágase el leso, porque si discute con su mujer la va a perder y a su amigo también“. Todos estallaban en risas. A pesar de los pesares, no perdieron aun la risa, la talla espontánea que tanto parecía llenarles de energía y lograr poner un poco de luz en medio de la angustia.

Un día, Rigoberto Pizarro, gran camarada del M.I.R. le pregunta al actor si podía acompañarlo en el trote que él diariamente realizaba. Respondió “¡Claro camarada, trotemos!” y así fue, lo acompañó un buen tiempo. En el ejercicio matinal del trote, conversaban diversos temas, pero jamás sobre la fuga. La idea de Rigoberto Pizarro, de compartir este trote, tuvo grandes consecuencias que más adelante relato.

Llega el día de la fuga. Decididos completamente, sabían que iban a todas por su libertad. Tanta por las cosas justas, les había curtido el alma y la piel con la fuerte convicción de sus valores e ideales; eran su bandera. Como todas las cosas, el panorama no era favorable, y se les presentaron dos situaciones complejas. Una de ellas fue a través de la comunicación clandestina con un compañero del frente, el cual le planteó al actor que debían atrasar la fuga. Lo cual no podía ser, por que la decisión estaba tomada y, más aun, se daban todas las condiciones climáticas que necesitaban para ese momento. La otra situación adversa, fue que la noche anterior el actor haciendo el trabajo manual de artesanía, miró a través de su ventana y vio que había mucho movimiento de gendarmes y efectivos de la marina. Mas tarde se entendería, que se había efectuado una llamada telefónica anónima al penal, donde se amenazaba con recuperar a los compañeros presos. Este último hecho significó levantar todo el apoyo exterior, ya que al ver cualquier movimiento extraño de afuera, delataría la fuga. No obstante, estos hechos más reafirmaban la decisión de fugarse; por lo demás, no debían correr el riesgo de que terminara la tormenta, que además era impresionante. A todos les parecía que la tormenta estaba de su lado, pues se manifestaba en toda su magnificencia. Ya todos en sus respectivas literas, comenzaron a vestirse en total silencio. Habían elegido ropa de color oscuro, el actor estando en este quehacer mira hacia el suelo y ve sus zapatos de fútbol al costado de su cama, luego los toma y se sonríe con nostalgia. Aquellos zapatos significaban un gran trofeo, ya que se los había regalado el “Cóndor Rojas”, gran arquero de Colo-Colo, antes que este se mandara la embarrada en el estadio; el arquero había usado estos zapatos en la final de último sudamericano jugando en Argentina.

El actor se dirige a la litera de un gran camarada, muerto hoy en día, de nombre Chacana, y le dice “querido camarada, le daré estos zapatos de fútbol que tanto a usted le gustan y admira“. Por su parte, Chacana sin entender y un poco tupido, le contesta “pero compañero, cómo se te ocurre, si son los zapatos del Cóndor Rojas y son suyos”; el actor respondió, “así es camarada, pero, siento la necesidad de regalárselos a usted”. Chacana los toma y vuelve la mirada al actor en absoluto silencio y con un destello de profundo agradecimiento. El actor sale, termina de vestirse para la fuga, camina hacia el comedor donde habían quedado de encontrarse los cuatro miembros del F.P.M.R., y se miraron con una expresión que decía ¡suerte y adelante compañeros!

En ese momento todo el penal estaba absorbido por la teleserie, inclusive los gendarmes. Entonces se dirigieron hacia un pequeño patio interior, la tempestad rugía como nunca, los truenos hacían vibrar los barrotes de las celdas y la lluvia era tirada como balde. El viento en ese momento era casi huracanado. Y comenzaron la fuga, primero escalaron hacia el primer techo ayudados por la escalera que habían logrado conseguir con el argumento de pintar las celdas, pues serían visitados por la comisión de derechos humanos. Ya en el primer techo, refregaron sus manos en él y para luego con el óxido y el barro camuflarse las caras. Avanzando en fila india acostados sobre el techo. El compañero que terminaba la fila era Gabriel, al cual le correspondía levantar la escalera pegada al suelo, la cual le permitía arrastrar esta sobre el techo, tanto los frentistas como la escalera, iban a ras del piso, ya que nada podía sobresalir de la techumbre. Por su parte los gendarmes hacían sus guardias en sus garitas con los vidrios totalmente empañados. Así, avanzaron por los desniveles del techo, tal cual lo habían estudiado.

Llegaron al muro, el agua que corría eran verdaderas cascadas, que se les introducía en la boca. Ya en elmuro, el actor se percata que Gabriel se demoraba demasiado, el tiempo era para todos muy importante y cada segundo que pasaba era amenazante.

Da el actor vuelta la cabeza y en un murmullo le dice: “Gabriel, apúrate“; éste le contesta que está tratando de sacar la bufanda atascada en la escalera. Esta situación se genera cuando iban en el último desnivel. En donde tenían que esconderse y dejar la escalera. Pero para Gabriel era importante rescatar aquella bufanda, pues se la había regalado su compañera. Logra de un tirón desatarla y siguieron avanzando los cuatro hacia el borde del muro.

En el desplazamiento de los techos iban de la siguiente manera:

En la posición de tendidos, primero iba Marcial, en segundo lugar el actor, en la posición tercera Ricardo y en último lugar Gabriel. Ya en el borde Marcial dice: “Chucha compañeros, nada que ver el dato que teníamos de la altura”, el actor mira y efectivamente era bastante más.

Después de algún tiempo se enterarían que eran 7 metros 20 cm., y no 2 metros 80 cm. como se les había informado. El actor recordó, en ese momento, una reunión en donde los compañeros advertían que era imposible tan poca altura. Pero el actor no les escuchó, al fin y al cabo ellos tenían razón.

Los frentistas no lograban comprender tal evidente error que se les había dado de manera clandestina. Pero finalmente concluyeron que la intención del estudio enviado por los combatientes sería para evitar los “caldos de cabeza”. Estando en el borde del muro y mirando la realidad no había que echar pies atrás. Entonces el actor dice: “Con fuerza y firmeza, al aire lanzarse” Y todos se lanzaron. El vuelo se les hizo eterno el actor y sus compañeros sentían que nuca tocaban fondo. Y al tocar la tierra el actor había flectado tanto las piernas para amortiguar su caída, que golpeó con las rodillas su mandíbula quedando una fracción de segundo aturdido, recupera el conocimiento gracias a un compañero que acertadamente le refregó la cara en un charco de agua.

Pero aún la osadía no terminaba, sin embargo, los cuatro frentistas se encontraban a salvo y en perfecto estado, a pesar que a Ricardo la C.N.I. le había atravesado con un balazo un tobillo. Por lo tanto, en toda la travesía siempre estaban todos muy preocupados que el “Canario” tuviera las menores secuelas posibles dada la altura del muro.

Pero faltaba camino por recorrer, entonces empezaron a deslizarse por el barro, llegando a una escala que conducía a un callejón, en el cual, se secaron los buzos, que cada vez pesaban más por la lluvia y el barro.

Levantaron sus cabezas y la lluvia les lavó la cara, se palmetearon las manos y exclamaron: “Ven compañeros“. Cuando estaban escondidos en las casas que los habían refugiado, empezaron a enterarse de los hechos terribles que habían ocurrido en el penal, tras la fuga.

Los compañeros fueron bárbaramente tratados, mediante innumerables palizas y allanamientos, malos tratos que incluso llevó a los gendarmes a mantenerlos toda la noche parados en el patio del penal. Sin embargo los compañeros heroicamente mantuvieron la normalidad del recinto carcelario con total calma, durante dos días. Pero lamentablemente al compañero Rigoberto Pizarro, compañero de trote del actor, lo acusaron de ser cómplice de la fuga y que el trote sólo era un pretexto para el entrenamiento de ésta.

Rigoberto Pizarro fue horriblemente tratado, recibió tantos vejámenes que el cuerpo no pudo aguantar; intento suicidarse, pero el resto de los compañeros lograron salvarlo, sin embargo, en el trayecto desde la cárcel al hospital muere.

Años más tarde, el actor una vez en Suecia se encuentra con la compañera de Rigoberto Pizarro, la cual le comenta que al momento de ver el cadáver de su compañero, este tenía una estocada en el abdomen, puñalada que hizo la C.N.I. en el trayecto al hospital.

Al enterarse de todas las barbaridades que ocurrieron en la cárcel, después de la fuga, a todos se les llenó el alma de dolor, sobre todo con el desenlace de su amigo Rigoberto. Pero al mismo tiempo les dio mas fuerza para continuar la clandestinidad, pues sentían que le rendían un homenaje a ellos y a todos los luchadores caídos, por esta monstruosa dictadura de la derecha chilena.

Así fue entonces, como se incorporaron a la lucha desde la clandestinidad. A pesar de todos los dolores y las pérdidas, siguieron luchando.

Dedico este relato a Rigoberto Pizarro, a su compañera e hijos. Asimismo a todos los compañeros con los cuales conviví en las cárceles de la dictadura.

Mis agradecimientos y admiración a todas las familias que nos acogieron y escondieron en sus hogares después de la fuga, arriesgando su vida. También a las familias chilenas y extranjeras que colaboraron en esta lucha, y finalmente agradezco la colaboración de mi adorada compañera de vida Bernardita en este relato.

“QUIEN SUMA Y SIGUE F.P.M.R.”

Valparaíso, Diciembre del 2006.

FUENTE : Colectivo 19 de noviembre. Valparaíso.

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